
INTRODUCCION:
Dice la estadística que la mayoría de los condenados a muerte, piden como última voluntad un cigarro; pues venga, enciendo un cigarro y hablamos del ser, porque la eterna pregunta ontología implica morir y vivir, no se puede hacer lo uno sin lo otro y en el medio por supuesto el amor. Situémonos en la habitación, Dice Sabina: “y cuando duermo sin ti, contigo sueño, y con todas si duermes a mi lado” o en otras palabras ¿Quién soy? Sabina se ha quedado en su habitación, de muros rojos o grises eso es lo de menos, cada quien existe como quiere, algunos y si algunos quieren pintarlos de azul que es todo lo contrario al verde, pero eso sólo importa a adjetivadores y decoradores, el siguiente ensayo trata de una habitación y lo que ocurre en ella…
ENTRE EL HUMO:
Sabina se despertó con ella mirándolo al otro lado de la habitación, ella blanca, ella rizos, ella sonrisa, simplemente ella. Ella era ella, pero ella miraba y eso hacia la diferencia; Sabina probo o mejor dicho comprobó al voltear de nuevo y ella sonrió, de nuevo. Ella espejo, ella objeto, ella reflejo. -¿Tal vez no, pero acaso…?- A media noche el peor lugar para fumarte un cigarro es a mitad de la cama, si es que no sabes lidiar con los fantasmas que habitan debajo de ella. La cama la bendita cama, el problema es prenderle fuego, fuego que es lo mismo vida y muerte, y ella la pequeña braza en la punta del cigarro, uno puede encender un cigarro con una sonrisa; para algunos el fuego es sagrado, dicen los judíos que la Tora esta escrita con fuego, Jaime Sabines quería bailar danzón y no quedarse encerrado trazando líneas con la luz su cigarro; la cama fría, blanca, no es lo mismo que la cama la cama esta fría o blanca para pasar a esta segunda proposición hace falta un verbo, hay que ser para tener cualidades, el adjetivo viene después del verbo, es decir: Sabina Sabia que sujeto “B” tenia unos bellísimos rizos negros, los puso en la balanza contra los blondos, y ganaron los de ella, entonces los valoro como se valoran las perlas negras, las medias de red y las calcetas; se dijo, no soy mal tipo, a ella le gusta… y a mi también… Probó talvez si… pero hay que ser para dejar de ser, ser el hombre y conquistar aunque ella sonría solo por cortesía, ser un patán solo por su atrevimiento; entonces se consumió la luz del cigarro… talvez si… “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa” tomo su encendedor y prendió fuego, cabalgaban envueltos en llamas los sementales y mientras sus padres tocaban a la puerta el se hacia el dormido ¿acaso no pero? Mientras la casa ardía en llamas por el potro que derribaba la mesa.
Dice la estadística que la mayoría de los condenados a muerte, piden como última voluntad un cigarro; pues venga, enciendo un cigarro y hablamos del ser, porque la eterna pregunta ontología implica morir y vivir, no se puede hacer lo uno sin lo otro y en el medio por supuesto el amor. Situémonos en la habitación, Dice Sabina: “y cuando duermo sin ti, contigo sueño, y con todas si duermes a mi lado” o en otras palabras ¿Quién soy? Sabina se ha quedado en su habitación, de muros rojos o grises eso es lo de menos, cada quien existe como quiere, algunos y si algunos quieren pintarlos de azul que es todo lo contrario al verde, pero eso sólo importa a adjetivadores y decoradores, el siguiente ensayo trata de una habitación y lo que ocurre en ella…
ENTRE EL HUMO:
Sabina se despertó con ella mirándolo al otro lado de la habitación, ella blanca, ella rizos, ella sonrisa, simplemente ella. Ella era ella, pero ella miraba y eso hacia la diferencia; Sabina probo o mejor dicho comprobó al voltear de nuevo y ella sonrió, de nuevo. Ella espejo, ella objeto, ella reflejo. -¿Tal vez no, pero acaso…?- A media noche el peor lugar para fumarte un cigarro es a mitad de la cama, si es que no sabes lidiar con los fantasmas que habitan debajo de ella. La cama la bendita cama, el problema es prenderle fuego, fuego que es lo mismo vida y muerte, y ella la pequeña braza en la punta del cigarro, uno puede encender un cigarro con una sonrisa; para algunos el fuego es sagrado, dicen los judíos que la Tora esta escrita con fuego, Jaime Sabines quería bailar danzón y no quedarse encerrado trazando líneas con la luz su cigarro; la cama fría, blanca, no es lo mismo que la cama la cama esta fría o blanca para pasar a esta segunda proposición hace falta un verbo, hay que ser para tener cualidades, el adjetivo viene después del verbo, es decir: Sabina Sabia que sujeto “B” tenia unos bellísimos rizos negros, los puso en la balanza contra los blondos, y ganaron los de ella, entonces los valoro como se valoran las perlas negras, las medias de red y las calcetas; se dijo, no soy mal tipo, a ella le gusta… y a mi también… Probó talvez si… pero hay que ser para dejar de ser, ser el hombre y conquistar aunque ella sonría solo por cortesía, ser un patán solo por su atrevimiento; entonces se consumió la luz del cigarro… talvez si… “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa” tomo su encendedor y prendió fuego, cabalgaban envueltos en llamas los sementales y mientras sus padres tocaban a la puerta el se hacia el dormido ¿acaso no pero? Mientras la casa ardía en llamas por el potro que derribaba la mesa.
CONCLUSION: Sabina vació el cenicero en la basura, todos dormían el tranquilo sueño de polvo de calle y oficina. Se miro al espejo, como se mirara Quetzalcoatl ante el espejo humeante de Tezcatlipocatl cuando supo que era humano por tener rostro, y que era como todos y que su destino era ser humano. “si yo pudiera, mocito, este trato se cerraba” desde lejos venia Sabina con la camisa sangrada, con la herida desde el corazón a la garganta y la sangre azul de los pensamientos por la boca se le escapaba, probo sacándose los ojos, probo arrancándose la cara y encontró que ni la sangre es, ni es nada. Sabina se echo en la cama y dejo de pensar ella ojos, ella rizos, ella sonrisa, ella ama; Sabina siguió fumando aún después que dispararan las armas y pensó me gusta mirar sus ojos, oler sus rizos, sonreir y amarla, la cama se quedo quieta y apago su cigarro.
BIBLIOGRAFIA:
García, F. (1999) “Romancero Gitano”. Poema: Romance sonámbulo
Sabina J. (1998)“Y sin embargo” Disco: Yo, mi, me, contigo.
Sabines, J. (1951) “La señal”. Poema: A estas horas, aquí.