
La capacidad máxima de una combi, ó pesero, como gusten llamarlo, es de 16 personas sentadas incluyendo al chofer; aunque cabemos más y cuando uno pensaría que ya es suficiente incomodidad, el ingenio propio del mexicano nos demuestra nuestro error, las nuevas combis, que miden lo mismo de ancho pero aumentadas a lo largo, ahora pretenden que vayamos de pie, en doble fila y los más osados, como el caso del transporte universitario, en triple; no conformes con ello intentan fomentar el desarrollo de aquellos que no sobrepasan el metro sesenta de estatura promedio, obligándolos a estirarse para lograr, con el tiempo, desarrollar una nueva raza de mexicanos ganadores de la medalla de oro en barras paralelas.
El problema es, cuando de proximidad corporal se trata, que todo contacto infiere la idea inconsciente de sexualidad; cuando un extraño invade nuestro espacio personal lo más común es retroceder un paso atrás o hacia cualquier lado, permitiéndonos recuperar nuestra intimidad; el transporte público no lo permite, por ello nos refugiamos en el lejano horizonte, nos aislamos como mecanismo de defensa perdiendo contacto con el mundo exterior por lo que dura el trayecto, volviendo a él sólo para pedir que de favor pasen el pasaje (cosa que por cierto eliminado el pintoresco ícono del cobrador que grita los nombres ganadores en la lotería de clases sociales divididas en colonias residenciales o de interés socia); es por ello que propongo cambiar el mote de pesero; por el de “sardina” y no por aquel pequeño animalito que alimenta a los delfines, sino, porque eso parece el transporte público, habría que sentir el olor a sexualidad reprimida que expiden a las dos de la tarde; simplemente las feromonas se aprovechan tanto como un perfume caro en las manos de un niño.
Ahora bien, esto podría explicar, porqué, el ser humano se aísla cada vez más cual victima de una violación que se repite a diario, también es obvio que la respuesta no la encontraremos como hacen los administradores del metro de la ciudad de México, donde en las horas pico los vagones se dividen según el sexo, ¡señores! la sexualidad es inherente al ser humano; cada vez nos cobran más por la incomodidad y como no si un viaje en sardina dura más que un privado en el table.
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