jueves, 30 de enero de 2014

Notas para Leonora. Anotaciones para los sobrevivientes al fin del mundo.


La luna se encuentra en el cenit, calculo debe ser medianoche, dentro de cuatro días la estará ni siquiera un cuarto creciente; antes del aniversario de la última batalla, del caos, del primer fuego (cada quien le llama como quiere), para algunos es simplemente el inicio de la muerte.

No hace mucho que te conocí, sabes. Te conocí en la ciudad de los muertos, en aquel baile de muertos, las calles atestadas de personas, la piel acartonada en plena orgía con los pétalos de rosas. El alcohol hinchando las vejigas, nadie muere esta noche. Debo admitir que tú hiciste todo el trabajo, después de una mañana junto a ti nada más que pensarte la tarde entera, pensando aquello que me dijiste: David acaso tú… (Aquí se escuchan gemidos de dolor y lejano sonido de lo que podría ser un automóvil o una cierra, una pausa y la grabación se corta).

Debo admitir que he pensado que esto no va a ningún lado, pero en verdad quiero contártelo. Leonor, exactamente hace un año dentro de cuatro días Alba murió. Si nunca has escuchado su nombre, no te sorprendas, es por que lo mas doloroso con el tiempo se convierte en meras referencias que generalmente inician con “una vez” o “conocí a alguien”, frases que anteceden al caos, por ejemplo: “Alguna vez este fue un pueblo glorioso” o “conocí a alguien que le encantaba comer ajo y anudaba con la lengua el tallo de las cerezas”.

Has de saber que fue la primera en morir en la última guerra, como a los amantes de Pompeya nos sorprendió la peste de las estrellas, desnudos, haciendo el amor por última vez; has de saber que cayó el fuego, cobijados por el sudor vimos desplomarse el techo. La lava empezó a cubrirlo todo, y nosotros no quedamos petrificados.

Leonora, no fuimos mármol, nos decantamos en sal; entre la nube de cenizas intente protegerla y ella me empujo, daría la vida por poder decirte: “fue mi cobardía, yo la solté”; lo que me queda por poder decirte: “huí de ella, corrí dejándola morir ahí. Daría mi vida, mi supervivencia al fin del mundo por decirte qué vi amor en sus ojos cuando ella me arrojo a un lado; pero mentiría Leonor, mentiría.

Cuando la noche caía sobre nosotros, Alba me empujo y dijo.

-Es demasiado tiempo junto a ti, no puedo pasar la eternidad junto a ti, convertida en una piedra de cenizas, contener el y tener la piel helada, prefiero estar muerta-.Entonces, se endureció su cabeza y corazón, consumieron los ojos que tanto amaba.

Leonora, quiero confesártelo porque tus ojos cada tres años se encuentran con los míos, giran las estrellas y nos encontramos. Cada tres años, tú eres una poquito agua. ¿Qué es el fuego sino agua? Sangre que lo consume todo, oxido de estrellas; sed, toda agua es en algún momento sed y toda sed necesita para su fuego un poco de agua. Leonora, de un sobreviviente a otro quiero decirte… (de nuevo la grabación se interrumpe).

Leonora, hoy todo el día planee darte un beso. Y claro, cuando bajaba de tu automóvil y me aproxime, inmediatamente pusiste la mejilla. Leonora, no se que nos espere mañana, no se que me espere mañana, no logro curarme de esta enfermedad que desde hace un año me acompaña, esta enfermedad llamada vida. Leonora, hace dos días que esto esta nublado y empieza a terminárseme el gusto por la tragedia. Cuando te fuiste, vi alejarse las rojas luces de tu auto, y recorrí una a una de las mil noventa y cinco habitaciones de la vieja casa y estaban vacías, Leonora si no sabes nada de mi espero esta grabación responda todas tus preguntas.

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