
Querido hijo, escúchame y repite después de mí, tantas veces como haga falta para que se grabe en tu memoria. Existen dos tipos de dieta, las que te abren el apetito y las que por nada tragas; has de saber que existen tres tipos de hambre, el ayuno, la pobreza y la belleza. Has de saber hijo mío, que no siempre fue así, como ahora, con tanta hambre.
Hijo mío, has de saber que acostumbrábamos sentarnos a la mesa y se le tenia por buen habito. Derredor de los aromas más exquisitos, texturas y sabores; has de saber que el hambre era nada deseable, has de saber que los niños mamaban de pecho de su madre y a los enamorados no les importaba, ocultaban el cuerpo bajo la mesa y se miraban a los ojos, la muerte venía cuando tenias las tripas vacías.
Recuerda sobre todo que algunos daban por la comida las gracias, a quien se las servía, a la bestia que moría e incluso a Dios; has de recordar que se enlistaba la comida para mezclarla y crear vida con ella, no siempre se le enlisto para descalificarla como buena o mala y servirla en porciones separadas, insípidas, la comida no siempre fueron numero, índices o tablas.
……………………………………………………………………………………
-Necesitamos comida.
-Necesitamos agua, soy un ser de agua.
-Yo también, pero necesito comida, una caja de comida.
Cuando Alba se fue, cambie un paquete de cigarros por una caja de galletas cubiertas de chocolate, a pesar de todo baje veinte kilos.
………………………………………………………………………………………
-Hijo mío, recuerda que sólo debes guardar el registro.
El joven salió de casa sin apartarse de la idea o el hecho de la demencia de su padre. Dos litros de proteína, el paladar lleno del sabor a cartón y la textura a plástico, aquel día le tocaba trabajar pierna, se aproximo a sus amigos derredor del frio metal, del pesado acero; se miro al espejo, veinte repeticiones más, la peste de sudor subiendo por su nariz y el clamor de las mujeres motivándole. ¿Cuándo seria suficiente? Cuatro mínimo cinco kilos por debajo, exhalaciones, y las gotas saladas rodándole por todo el cuerpo, metiéndosele en la boca, en los ojos; con el cuerpo marcado. ¿Fuerza de voluntad? Cruzar la montaña imaginaria, la copia exacta del acero forjándose a martillazos.
-Quién lea esto hijo mío condenado esta a extinguirse.
Y el joven lo repetía una y otra vez, cada día una nueva oración; repetir hasta el infinito, pocos recordaban algún número, repetir hasta el infinito, algunos de sus mejores amigos repetir una y otra vez hasta caer exhaustos, la lista, la interminable lista de lo prohibido aunque nunca en su vida lo hubieran probado; ¡sabe a pollo, sabe a pollo! A eso sabia todo, sabe a pollo incluso cuando nunca hubieran probado semejante animal. ¡Eres lo que comes! ¡Sabe a pollo, sabe a pollo!... luego cualquier objeto con un soporte y cuatro patas que midiera más de 70 centímetros se convirtió en algo obsoleto, confuso. “debieron ser gigantes atléticos aquellos hombres del pasado si usaban estos enormes bancos para ejercitarse”, pensaron. Sabe a pollo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario