viernes, 17 de enero de 2014

Sin palabras. Anotaciones para los sobrevivientes al fin del mundo.

Cuatro meses después de la última catástrofe fue necesario, obligatorio salir del estado catatónico. Por mando oficial se ordenó hacerlo bajo pena de destierro. Sin fronteras ni patria, es temor se basaba en la nostalgia. Lo primero, hacer recuento de todo almacén, bodega y alacena para iniciar la racionalización.

Estela, la conocí en la fila para obtener agua caliente. Estela y sus perros pitbull que la acompañaban a todas partes.

-hice las cuentas, y me quedan palabras para cinco años. Eso, si únicamente uso mil caracteres al día.- me confesó.

Cuando la saludaba, contestaba con un simple e inglés "hi", al preguntar cómo estaba, dudaba un largo rato y después de pensarlo contestaba "bien". Estela se quedo muda un día antes del fin de los tiempos, aún atada a un cactus, de los llamados viejitos, con largas espinas como cabello; convirtió su departamento en una piscina rosa para sus perros y de obsequio me dio un frasco lleno de una canción alejada en vinagre.

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