domingo, 5 de enero de 2014

Volver a las profecías. Anotaciones para los sobrevivientes al fin del mundo.



Los profetas no escriben para el futuro, escriben para el pasado antes de tiempo. Lo sabemos con el último cigarrillo que encendemos en sus labios.

-Alba, ¿está todo bien?- y ella sólo me sonrío desde el humo alejándose, como aquel autobús, y tú, con boleto en mano, diciéndote a ti mismo: lo sabia, se cumple la profecía, claramente aquí dice que no lo alcanzaría.

Alba, la bruja que profetizaba con sal, de sudor, de mar, de lágrimas. Alba, y sus estatuillas paradas frente a la ventana, mirando el futuro cuando sabían que estaban hechas para mirar el pasado.

-Odio que llegues tarde.

Alba, con el cigarrillo entre el dedo índice y medio, esperando que se lo encendiera, molesta, pero después de eso nunca faltaba un beso de reconciliación en mis labios. Escrita. En cualquier cristal de sal, por desgracia para mí, ella cocinaba con poca sal.

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