
Noche de brujas.
En círculo junto al fuego, las copas en tierra, sirvieron el vino y la miel.
Beban todos de él, se acabaron los tiempos, el amor como agua que rompe del tiempo los cimientos; la sal y tierra pierden el conocimiento, vengan a beber de las alas el fruto dulce.
Hombres y mujeres junto al fuego, algunos se arrojan, unos duermen, otros permanecen despiertos, ambos sueñan con las brechas de la mano, manos solas que acarician el aliento y lo despiden para ser aire y sostener de los arboles el vuelo.
Constelación que te ocultas en tierra, que vienes del mar, que la muerte te espera; ven con nosotras y no apures tu tiempo.
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Esperar a que la luna estuviera en la posición adecuada, con la mirada fija de la humanidad en ella, silencio, la luna acepto a la oscuridad en su seno, vino tinto derramado en la copa y su brillo se puso rojo. La última vez que estuvieron juntos, después, el viento remolinó entre ellos, el cristal se rompió.
–Recibiremos al sol, aunque arrastre mi cuerpo, aunque cegué tú brillo.
-Tengo miedo a detenerme, quedarme fija en el cielo.
-Dame tu mano, mira mi fondo, el camino sigue cada una de las estrellas espera alimentar tu reflejo.
-No puedo, si dejo la tierra y no encuentro alimento.
-¿Aún me amas?
Silencio. Luego llegaron las nubes, noche y luna se perdieron en el cielo; al abrirse el cielo ella no estaba. Bajo por las avenidas con el rostro húmedo, el mismo camino siglos atrás recorrido, solo, la noche se envolvió muerto, salió el sol. La paz de preparar la guerra, al día siguiente la luna se revolcaba, hambrienta con los gusanos; la noche miraba a lo lejos a la luna sepultarse en la colina de los cactus.
El sol, se fue apagando. Un mes después no quedo registro de los humanos.
Fin de las Anotaciones para los sobrevivientes al fin del mundo.
Invierno del 2014, un año después.
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