domingo, 23 de marzo de 2014

Cuento cursi para recibir la primavera. (Primera parte)

Eventualmente dejara de importarte, la tendencia actual es a tener un final decepcionante. Él la conoció de forma natural, nada extraordinario, no hubo encuentro fortuito en el metro o el autobús, no se conocieron a la salida de la Sinfonía No. 1 en Do Mayor de Brahms, se conocieron por una probabilidad estadística, una amiga en común y nada más. Ella inicio la platica para reducir aún más la estadística, al final el amor no es otra cosa que reducir probabilidades, reducir nombre, apellidos, eso evita que te emparejes con alguno de la misma familia; a qué te dedicas, disminuye la posibilidad de terminar o no en los mismos sitios aburridos que detestas.
Así, reduciendo probabilidades continuaron toda la noche y el día siguiente cuando la conversación toma tintes de verdadero interés y preguntas “qué haces” por mensajes; luego la inevitable necesidad de verse uno al otro y por separado, el café por la noche y las charlas sobre el trabajo.
-¿Conoces las ranas de cristal?
-No.
Por desgracia, llego el mesero a tomarles la orden y el se quedo con la idea a medias, cuando ella empezó a hablar de su fascinación por los maratones y el frizante de moras rojas, así pasaron las semanas y la cacería furtiva de algunas horas a la semana en la agenda de ella. Un mes completo de aficiones conjuntas, de acompañarla hasta su auto y detener la puerta intentando evitar que se fuera, buscándolas fuerzas necesarias, el momento indicado, la señal justa para robarle un beso y superarlos tres centímetros que lo separaban de ella cuando se despedían e inevitablemente se convertirían en varios kilómetros y días.


- ¿Conoces las ranas de cristal?
- No…

Y un automovilista impaciente a pesar de ser medianoche la interrumpió.


-Cuidado, súbete a la banqueta.
-Hasta luego.


Y cerró la puerta, otra semana de conversaciones por el chat, de buenos días y cómo estas. Al terminarla semana lo invito a un antro, <<¿un antro?>> pero algo en el fondo le decía que no podía faltar, todos los amigos en común lo invitaron, tenia que estar ahí, según los acuerdos de la última reunión de trabajo, ¡vamos todos a un antro!, <> algo además de la invitación le hacia pensar que debía estar ahí, que si en algún lugar debía estar era ahí y justo en ese momento. Termino en un bar, y al día siguiente las fotos en el chat de ella y aquel tipo, el sujeto de paquetería, el que coleccionaba los sellos usados de la correspondencia.

A todo cazador furtivo le llega el arrepentimiento con la extinción, por más que salía encontraba menos huellas y más fotos en las enciclopedias.

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